La situación del sector agropecuario en México ha tomado un giro preocupante en los últimos años. A pesar de ser un país con un potencial agrícola significativo, la falta de apoyos, las sequías y problemas estructurales han llevado a que México importe más granos y oleaginosas, lo que ha generado un déficit en la balanza comercial agropecuaria. Según el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), el país ha caído del top 10 de los principales productores globales agropecuarios, ubicándose ahora en el undécimo lugar, justo detrás de Australia. Este cambio es alarmante, especialmente considerando que hace solo dos años, México ocupaba el noveno puesto.
La voz del GCMA, a través de su director general Juan Carlos Anaya, enfatiza que el campo debe ser una prioridad genuina, no solo un discurso político. La estrategia económica, social y de seguridad nacional debe centrarse en revitalizar el sector agropecuario, que enfrenta serios desafíos. En la presentación de las «Perspectivas Agroalimentarias 2026», Anaya destacó que, aunque hay sectores como el hortofrutícola y pecuario que están en buena salud, los granos y oleaginosas, así como el agroindustrial, están en crisis.
### La Crisis de los Granos y Oleaginosas
Uno de los puntos más críticos es la producción de maíz, un cultivo fundamental en la dieta mexicana. Hace dos décadas, la producción promedio era de 1.8 toneladas por hectárea, cifra que ha aumentado a solo 3 toneladas en la actualidad. Esta escasa mejora es preocupante, especialmente considerando que se destinan grandes recursos públicos a este sector sin ver resultados significativos en productividad. Anaya señala que, en Sinaloa, la falta de incentivos ha llevado a que se dejen de sembrar 100 mil hectáreas, resultando en una pérdida de un millón de toneladas de producción. En Tamaulipas, la situación es aún más grave, con 400 mil hectáreas no sembradas.
La falta de agua es otro factor crítico. La situación se ha agravado por las políticas de Estados Unidos, que han presionado a México en términos de recursos hídricos. Esto ha llevado a que muchas zonas del norte del país se queden sin agua suficiente para la siembra de maíz, lo que pone en riesgo la seguridad alimentaria del país. La dependencia de las importaciones se ha vuelto una realidad, y el GCMA advierte que esta tendencia podría continuar si no se implementan cambios significativos en las políticas agrícolas.
### Impacto Económico y Perspectivas Futuras
A pesar de los desafíos, el sector agropecuario ha mostrado un crecimiento del 4.2%, lo que es notable en comparación con el crecimiento de la economía en su conjunto. Sin embargo, este crecimiento no ha sido uniforme. Los sectores de granos y oleaginosas, así como el agroindustrial, están experimentando caídas en sus volúmenes de producción. Se espera que las exportaciones agropecuarias y agroindustriales alcancen los 52 mil millones de dólares, pero el tipo de cambio puede complicar esta situación. Un tipo de cambio fuerte puede limitar las exportaciones, mientras que uno débil puede mejorar los ingresos de los productores, pero también encarece las importaciones de insumos.
El futuro del agro mexicano es incierto. Se prevé que en 2026, México produzca más productos, pero en menor volumen. Esto podría acentuar una crisis en el mercado de granos y oleaginosas, afectando la competitividad del país en la exportación de frutas, verduras y proteína animal hacia Norteamérica. La balanza comercial agropecuaria ha mostrado un déficit de casi 4 mil millones de dólares en el último año, aunque se espera que este año se reduzcan las importaciones de granos.
La situación actual del campo mexicano es un reflejo de la necesidad urgente de políticas efectivas que prioricen la producción local y la autosuficiencia alimentaria. La falta de incentivos, el cambio climático y las presiones externas son solo algunos de los factores que han llevado a esta crisis. Sin un enfoque renovado y un compromiso genuino por parte de las autoridades, el futuro del agro en México podría seguir siendo incierto, con repercusiones significativas para la economía y la seguridad alimentaria del país.